miércoles, 13 de febrero de 2013

Los Arará en Cuba (5)


PATASOLA
En casi toda el A frica occidental se mantienen creencias que consideran el alma de un ser inmaterial depositaría en un animal. El llamado "culto ofiolátrico dahomeyano" que nos señalara don Femando Ortiz, tiene raíces muy antiguas en esa cultura. Podemos señalar que esta influencia entre los ararás está muy profundamente arraigada. Muchos de sus entes taumatúrgicos poseen estas características. Así lo demuestra este sujeto sobrenatural que los ararás reverencian como Patasola.

Terso el cuerpo cilíndrico. Lustroso, como aceitado. Los ojos dispersos en toda su extensión descubren varios matices fulgurantes. La cabeza enhiesta, minúscula, empotrada como a la fuerza, destruye el orden vital del ofidio. Ésta es la impresión del insólito ser que se identifica con San Silvestre. En el culto a este fetiche se imponen baños azucarados de "limpieza", con frescura, salvadera y rompezaragüey, con el fin de evitar posibles inconsecuencias.
El día final de año a Patasola se le ofrecen dulces y golosinas en una jícara y se le pide por que la paz reine en el hogar el nuevo año que se avecina.
Gilberto Hernández Zulueta, "el Diablo", es, en la religión africana, Ewin-Dina. Sus vivencias se narran matizadas de ese don generoso que es la simpatía.
"En la Sociedad Africana había muchos viejos a los que teníamos que ir diariamente a pedirles la bendición; porque de no hacerlo y enterarse nuestros mayores, el regaño era en grande. Cuando allí plantaban la fiesta, los muchachos quedábamos de orilla. La disciplina era muy grande. Había dos colas para entrar, una de hombres y otra de mujeres. Y las fiestas duraban varios días.”
"Si le hacían algo malo a algún miembro de la Sociedad, ellos cogían una jícara, con no sé que cosa dentro, y a las doce del día en el patio, la levantaban en alto, pedían y después la dejaban caer al suelo Una vez a Ma Justa, una negra arará de la Sociedad le robaron una gallina; y el ladrón, al día siguiente de tirar la jícara, se le empezó a hinchar el brazo. De esta forma y ante aquel fenómeno ,el que cogió la gallina se denunció a la dueña pidiéndole clemencia. Pero Ma Justa, muy seria, le contestó:” Ta hecho ya; no pué trá."
Se ha transformado la vieja casona de la Sociedad Africana de los araras. La madera es sombra donde la cantería rema .El amplio patio, donde las grandes celebraciones se recuerdan conserva intacto el paraíso, la colonia, la salvadera. En triste pirámide de piedra y musgo el pozo se resiste a morir. Solo el cuarto principal es el mismo .Se han detenido las horas, se han nutrido de humo las ventanas; pero el deslumbramiento permanece. En esta habitación vivió Florentina Zulueta . Aquí yacen enterrados los secretos y prendas de fundamento de su religión. Aquí entregó sus últimos años a la vida . Permanecen en una esquina , cerca de la puerta que da al pasillo, los santos africanos y otros objetos del culto, atendidos discretamente. Aquí se conservan las huellas profundas que desde el mar llegaron a nosotros.
Muy cerca de las tejas abandonadas, donde madura el gandul, hablamos de ella. Es el momento en que todo se despuebla de ruidos y Victoria Zulueta ordena sus palabras.
"Mi madrina me llamaba Agisteme, que en su lengua quiere decir:”los hijos no se compran porque si no yo te hubiera comprado” . Es el nombre con que los santos me conocen. Mi madre me puso en sus brazos y ahí quedé. Yo fui la hija de Florentina Zulueta. En su muerte recibí los secretos del fundamento.
Era mujer de un trato muy dulce; muy educada en su forma de hablar, a pesar de que no sabia leer ni escribir. Todos los africanos la tenían como un gran juez que decidía entre sus problemas. Diariamente visitaba a los enfermos. Nunca le oí una palabra fuerte ni tuvo un gesto grosero con nadie.
Aquí en la Sociedad Africana, se hacían las fiestas de todos los negros de nación, aunque fueran de otras razas y creyeran en otras cosas. Éste era un templo mayor para ellos.
Sobre la esclavitud, Madrina no hablaba con los muchachos; pero yo le veía las marcas en el cuerpo como si estuviera cortada por cuchillos ; y oí algunas conversaciones con otros esclavos y siempre terminaban llorando .
Florentina fumaba tabaco , pero no bebía. Desayunaba agua con azúcar . La comida que más le gustaba era el tapi-tapi, que es comida de Hebioso . Se hace el tapi-tapi moliendo el arroz, ya cocinado, y dándole una forma de pelota aplastada, como tortas, a las que se echaba quimbombó o caldo de gallina. Se comía con las manos.
En las fiestas que se daban aquí , se tocaba también francés, que era un baile en parejas muy bonito. Yo conservo tres tambores sagrados de los ararás que tienen más de cien años y los collares de santo de Florentina.
Cuando Madrina murió , muy viejecita, se le compró una caja, para enterrarla, que costó cien pesos, y la llevaron en hombros al cementerio. Fue un duelo para todo el pueblo.”
Se esforzaba por hablar, pero había llegado a un limite preciso. Nos condujo a un rincón del cuarto, donde estaban las prendas más sagradas de su religión, y descubrió el gran pañuelo rojo y blanco que cubría a Hebioso. Era la primera vez que alguien no consagrado en el culto de los ararás enfrentaba al poderoso fodú. Afuera, entre galanes y luceros, crecía la noche. Victoria Zulueta formaba parte de aquella atmósfera sobrecogedora que nos envolvía.                     
A los ciento cinco años de edad muere Florentina Zulueta. Con ella desaparecen; entre nosotros, las raíces más puras de su raza, a la que representaba con absoluta dignidad. Nuestra tierra, su tierra, hubo de recibirla un día de 1933.
Con la misma humildad con que vivió hubo de enfrentar aquel suspiro en que se disolvieron todas las noches, los sueños todos. Florentina Zulueta regresaba, libre ya, como ella lo soñara, a su infinita tierra conmovida.
Varias plantas se inscriben dentro del culto religioso de los ararás y son reverenciadas por sus poderes. La identificación de estos ejemplares de nuestra flora con el rito dahomeyano es otra manifestación del proceso de transculturación producido. No son las únicas para cada fodú, pero si las más importantes y utilizadas.
Tocoyo Yonó: trébol, campanilla, peonía.
Acutorio: almacigo, malva blanca, salvadera.
Aggidai: rabo de gato, alacrancillo, hoja de guásima .
Aferequete: lengua de vaca, salvia, berro.
Somaddonu: piñón de pito, verbena cimarrona.
Dasoyí: cundiamor, maravilla blanca, escoba amarga.
Hebioso: platanillo, jobo, hoja de ceiba.
Dañé: hoja de caimito o ciruela.
Masé: orozuz, romerillo, lechuga.
A la muerte de Florentina Zulueta, y como resultado del Ituto(43), los "fodú-caderiza”(44)   no se fueron con ella. Fue necesario repartirlos entre algunos miembros destacados de la Sociedad Africana, para su mejor atención.
Hebioso quedó con Victoria Zulueta, quien asumiría la dirección y el control de la Sociedad Africana. Sería, a partir de aquel momento, la cabeza mayor del culto arará. Somaddonu se ubicó en casa de Justo Zulueta (fallecido) y actualmente es Reinaldo Robinson quien la atiende. Malé quedó en casa de Felicia Zulueta (fallecida) y se le venera ahora en casa de Adelina Ferrín, "Melo". Tocoyo Yonó quedó con Felipa Zulueta (fallecida) y es Hilda Zulueta quien lo asiste. Dañé pasó a casa de Ernestina Zulueta (fallecida) y estaba al cuidado de Clara Angarica hasta su muerte ocurrida en 1989. Y finalmente Dasoyi tuvo como destino la casa de Octavia Zulueta (fallecida) y es, en la actualidad, prenda de Juana Zulueta, "Marule".
En estas Casas-Templos se conservan las tradiciones religiosas de los ararás. Música, cantos y costumbres de vida mantienen los valores auténticos que caracterizan la cultura de origen ewé-fon.
A los ciento cincuenta años exactos del nacimiento de Na-Tegué, nuestra Florentina Zulueta, se incorporaron, como grupo folklórico, al Movimiento de Aficionados, a través del Ministerio de Cultura, varios descendientes de los ararás, incluyendo a Victoria Zulueta y otros practicantes del culto, con el objetivo de contribuir a la preservación de esos valores culturales y llevarlos al conocimiento de las nuevas generaciones. La respetuosa consideración forma parte de la política observada en el rescate de esos valores que integran el patrimonio espiritual del pueblo.
El Grupo DahomeyArará de Perico, fundado en 1978, ha obtenido numerosas distinciones por su trabajo y es "Grupo Insignia" del Municipio. Esta agrupación es una de las pocas de tal etnia en Cuba que mantiene vigentes las antiguas tradiciones de la cultura arará. Al cumplir sus diez años de vida , este grupo hubo de recibir el reconocimiento de las autoridades culturales de la provincia matancera .
Recientemente se constituyó un grupo infantil con el nombre de “Omo Laddé”, que significa más o menos “Niños Coronados” o “Niños de la Coronación”. Realizan los toques y bailes ararás, y , en su mayoría, están integrados por familiares de los compañeros del Grupo DahomeyArará ,lo cual ha despertado un marcado interés.
El pequeño aire del cementerio se detiene en una humilde tumba donde el tiempo ha reposado. La tierra tiene el color de las sombras antiguas, de la lluvia cansada. Cruces indiferentes, impasibles, recuerdan nombres y fechas.
Allá , en lo profundo -olvido lastimoso- los restos de aquella mujer ,princesa y esclava, que el destino hubo de marcar en una existencia desolada.
Ya Florentina Zulueta es un poco de niebla; pertenece al polvo más callado. Pensábamos en ella cuando cruza, veloz , un hermoso lagarto azul.

3 comentarios:

  1. Quisiera saber mas sobre el autor, es muy didactico, aunque yo estoy en busca de los roles de cada deidad, por ejemplo, Afrekete. Muchas gracias por su magnifica historia..J.

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  2. AFREQUETE ES LO QUE ES YEMAYA PARA LOS LUCUMI , LA DUEÑA DEL MUNDO
    TENGO MUCHO ORGULLO DE SER ARARA

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  3. Hola me parece muy interesante, pero de que libro sacaste la info?

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