domingo, 12 de agosto de 2012

Lo que todos deben Saber: Porqué uno se hace "Santo".


El hacerse "santo" es ser iniciado en la religión yoruba conocido tradicionalmente en América como "regla de ocha o santería" y en el África antigua como "elégun". La iniciación busca conducir a la persona al reencuentro de cierto comportamiento arquetipo, aquel que es atribuido a su "ángel de la guarda" (divinidad tutelar).


 Todos los seres humanos poseen, en potencial, numerosas tendencias y facultades que quedan en estado de vigilia. Las experiencias vividas por el individuo, el ejemplo del más viejo, los principios inculcados por la educación y la censura del medio social, hacen que sólo algunas de esas tendencias y facultades innatas puedan expandirse, resultando la creación de una personalidad aparente, diferente de aquella que él podría haber tenido si hubiese estado en un medio donde los valores morales y los principios admitidos hubiese sido diferentes.

La iniciación consiste en resucitar en el novicio, en ciertas circunstancias, aspectos de esa personalidad escondida; aquellos correspondientes a la personalidad del ancestral divinizado (ángel de la guarda) presente, en él, en estado latente. No se trata de un lavado de cerebro, porque la personalidad del iniciado no es movida; sólo son realzados sus puntos de contacto con los pertenecientes al arquetipo de la divinidad tutelar.

Si en el caso que, en el individuo no hayan quedado en estado de vigilia las facultades correspondientes con el ancestral divinizado y el comportamiento arquetipo (modelo) de ambos coinciden, no se necesita ser iniciado. En tal caso, el linaje espiritual no se ha perdido ya que, los patrones de conducta impuestos desde la niñez, coinciden con los patrones de su divinidad tutelar.

El ser iniciado sin tener en cuenta estos patrones, acarrearía la involución del individuo y de todos los logros alcanzados en su vida terrenal y espiritual. La iniciación es una resurrección en la que, los iniciados, reciben nuevas actitudes, diferentes a aquellas que les han originados graves problemas existenciales. Se adopta un nuevo nombre, se rasuran semejante a un niño recién nacido, se visten con nuevos trajes alegóricos y se le imponen patrones conductuales para una nueva vida, semejante a la vida relatada en ciertas leyendas yoruba, que son seleccionadas para tal caso, consultando el oráculo (Dilogun) de la divinidad (Ceremonia de Itán o Itá), etc.

Por tanto la iniciación constituye una institución vital para enseñar y preparar al novicio, el cual traspasa los límites del conocimiento de los valores de su sociedad hacia la comprensión de la razón y procedencia de las cosas.

El individuo que ha sido iniciado ya no es un ser a la deriva sino un ser formado y completo, o como llaman los antiguos yoruba: "Eni she wa di kòla" - "a la persona hacemos que se convierta en honorable". De lo contrario, si la conducta que ha mantenido, la persona, durante su vida le ha proporcionado ciertos logros y beneficios y corresponde con los patrones de su divinidad tutelar y es iniciada, su vida, a partir de la iniciación, será mísera y desgraciada.

Para que un sacerdote pueda determinar, con certeza, si una persona puede o no ser iniciada, debe tener en cuenta el origen de la problemática. Si esta corresponde a la influencia negativa del medio, a las sentencias de personas malintencionadas o simplemente al deterioro o desviación de su conducta predestinada.  



Omolófaoró.



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