jueves, 7 de abril de 2011

LAS TRADICIONES CULTURALES Y RELIGIOSAS AFROCUBANAS (II)

Tomado de: http://www.lajiribilla.cu/pdf/crisol03.pdf continuación...
En el siglo XIX, algunos de esos esclavos traidos a Cuba, los abakuá y los paleros constituyeron sociedades secretas, en los poblados de Regla y Guanabacoa. Tan solo un día al año, el 6 de enero, Día de Reyes, se les permitía manifestarse, y, precisamente con aquellas ceremonias festivas se enriquecieron los hermosos y populares carnavales de La Habana, solo superados en América por los de Río de Janeiro.
En la etapa colonial el peso de la población africana fue significativo y, durante el siglo XIX, representaba casi el 40 % de la población de la colonia. En 1869, Cuba tenía una población de 1 399 811 habitantes, de ellos 763 176 eran blancos, y unos601 373 de color  ; de estos últimos 238 927 eran libres y 363 286 esclavos; además había unos 34 420 asiáticos. Con el inicio de la primera Guerra de Independencia (1868-1878), el recién nacido Ejército Libertador de Cuba otorgó la libertad a los esclavos, y muchos de ellos se incorporaron a sus tropas.
Esto creó una gran preocupación en las autoridades coloniales, y por ello, el 4 de julio de 1870, se dictó la Ley de Vientres Libres, que consideró libres a los hijos de esclavas, aunque en condiciones de patronato; es decir, no de esclavitud sino de servidumbre a sus respectivos dueos. Mediante esta disposición, la administración colonial efectuó el pago a estos últimos de 125 pesetas por  siervo en patronato.
No obstante, esta medida no hizo disminuir las sublevaciones de esclavos ni la incorporación de éstos al Ejército Libertador cubano. El 13 de febrero de 1880, dos años después de firmarse la conclusión de la primera Guerra de Independencia, se dictó la Ley de Abolición de la Esclavitud, y el 29 de octubre de 1886 se promulgó la Real Orden que suprimía el patronato de los antiguos esclavos que aún se mantenían en condiciones de siervos de sus antiguos amos o dueños. Con la desaparición de la esclavitud y la servidumbre, la población negra procedente de África pudo realizar sus actividades culturales y religiosas más libremente, aunque no desapareció la discriminación oficial, y, además, se mantuvieron ciertos prejuicios raciales que estaban enraizados en parte de la población.
A pesar de que la población negra contribuyó, con miles de combatientes, a la formación de las filas del Ejército Libertador durante la última Guerra de Independencia (1895-1898), los negros eran vistos de forma prejuiciosa. Estos prejuicios se mostraron con mayor evidencia en las primeras décadas del siglo XX. Al iniciarse la república neocolonial, muchos de aquellos antiguos combatientes no contaban con empleos, ni educación ni servicios de salud, y se encontraban  en un estado de total abandono.
General Quintin Banderas
Se produjeron actos de discriminación racial realmente repugnantes, no solo relacionados con los hombres sencillos, sino también con personalidades relevantes. Hombres de gran valor, como el general Quintín Banderas, héroe de las guerras de independencia, se encontraba sin empleo y, al solicitar ayuda al Presidente de la República, éste le ofreció cinco pesos y un puesto de cartero. Banderas se sublevó, en 1906, contra este estado de cosas; pero fue muerto en combate y más tarde macheteado.Después, en un acto de humillación a su honor aun después de su muerte, fue conducido en un carromato hasta el Campamento Militar de Columbia.
Movimiento Independientes de Color
 Los prejuicios y la discriminación contra la población negra llegaron a situaciones complejas, como en los acontecimientos del Movimiento de los Independientes de Color, dirigido por Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet, que, en 1912, derivó en un conflicto donde hubo 3 mil muertos entre negros y mestizos, y que casi pudo llegar a ser una verdadera guerra civil racial. La discriminación racial incluía las expresiones culturales y religiosas de los negros. Según la especialista María Teresa Linares, con el pretexto de las riñas que se originaban en los carnavales de La Habana entre los negros de comparsas rivales, éstas fueron suspendidas. Un periódico de La Habana, en una nota del 5 de septiembre de 1921, señalaba: El jefe de policía recuerda que debe cumplirse la disposición de 5 de abril de 1919 que prohíbe el toque de tambores y otros instrumentos de origen africano y los movimientos y frases indecentes que los acompañan.
Solo a partir de la segunda década del siglo XX se empezó a reconocer la importancia de la cultura afrocubana, principalmente después de los trabajos realizados por el llamado Tercer Descubridor de Cuba, don Fernando Ortiz. Este intelectual eminente, con sus investigaciones científicas y etnográficas, colocó en su justo sitio el aporte de la población de origen africano a la independencia y a la conformación de la nacionalidad cubana. El análisis de estos aportes es muy complejo, pues se calcula que en África existen más de 300 culturas bantúes. Los que fueron traídos a Cuba, y a La Habana en particular, procedían de distintas regiones de dicho continente, con diversos credos y ritos. Entre ellos se destacan los de la zona más occidental o de la cultura yorubá, los de Nigeria del Sur y Camerún, los de Dahomey, y los del norte de Angola y el sur del Congo, también denominadas culturas congas o carabalí.
El culto a la naturaleza y al bosque o la floresta era muy natural para todas las culturas africanas; y los esclavos traídos por la fuerza a Cuba encontraron en la floresta cubana plantas y animales con cierta similitud
a los que existían en sus antiguas tierras. Por otro lado, era el lugar donde se producían hechos considerados mágicos y de carácter religioso.  El monte, así como los árboles y las plantas aislados, fueron considerados refugio de la fauna, productores de alimentos para los seres humanos y los animales, y elementos para la preparación de medicamentos. Adem ás, con sus ramas y hojas se podían construir viviendas, y en ellos habitan sus dioses y sus muertos.
Por esas propiedades, el bosque era sagrado, y el hombre debía pedir permiso al mismo para utilizar toda su abundante riqueza. Según la afamada especialista cubana Lydia Cabrera,  Allí están los orishas Ellegguá, Oggún, Ochosi, Oko, Aye, Changó, Allagguna, y los Eggún  los muertos, Eleko, Ikus, Ibbayes (...)  ¡Está lleno de difuntos! Los muertos van a la manigua.
Esa apreciación africana no se refiere únicamente al bosque o la floresta en general, sino incluso a algunos
árboles o plantas en particular, como las ceibas, las palmas reales y otras. A la ceiba o seiba (ceiba pentandra, perteneciente a la familia de las bombáceas), por ejemplo se le considera la madre de los
árboles. Ello no resulta extraño, si se tiene en cuenta que la ceiba es un árbol robusto, con tronco de grandes proporciones; y sus ramas crecen paralelas formando capas entre sí. No es un árbol que exista en grandes agrupaciones, como las palmeras cubanas u otros similares, sino que, por lo general, se encuentra aislado, casi siempre en lugares bien visibles.
Todos estos atributos le otorgan al árbol un carácter sagrado, al menos así creen algunos campesinos. Según lo atestiguado por Esteban Roldán Oriarte, Es una creencia muy generalizada que bajo una ceiba no hay temor a las descargas eléctricas y muchos campesinos viejos juran formalmente que jamás un rayo ha dañado a una ceiba.
Esa facultad de la ceiba para desviar las descargas eléctricas o rayos en las sistemáticas tormentas tropicales de Cuba, según las consideraciones de los creyentes, le confiere poderes sagrados. Así nos lo confirma Lydia Cabrera en su obra citada. La ceiba, como la palma real, es el árbol más caracter ístico de la Isla y el árbol sagrado por excelencia, al extremo que cabría preguntarse si es objeto de un culto independiente culto a la ceiba, en el que comulgan por igual, con fervor idéntico negros y blancos si no supiésemos ya que todos los muertos, los antepasados, los santos africanos de todas las naciones traídas a Cuba, y los santos católicos van a ella y la habitan permanentemente. Era también para los chinos que se importaron durante la colonia y hoy para sus descendientes, el trono de Sanfan Kon, el mismo Santa Bárbara en China.
continuará...

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